Parque Nacional Braulio Carrillo

Nos levantamos temprano, queremos desayunar pronto para salir hacia el Parque Nacional Braulio Carrillo, a unos 40 km, visitar un teleférico que hay en el bosque lluvioso y regresar a San José para ir a casa de Luis y su familia para pasar con ellos el último día. Mañana a las 17:00 sale nuestro vuelo a Madrid. El viaje llega a su fin.

La carretera que atraviesa el Braulio Carrillo es tan espectacular como bonita y peligrosa. Es una zona montañosa totalmente cubierta de bosque primario, la carretera en dirección al Caribe atraviesa el parque de lado a lado con una pendiente por donde se deslizan los camiones a velocidades muy altas y echando humo por las ruedas. Cuando miras por el retrovisor y ves a un gigante que viene detrás…. impresiona tanto como el paisaje. El tráfico es denso y esto impide disfrutar más de las impresionantes vistas del parque.
Atravesamos el puente sobre el rio Sucio donde se juntan dos rios unos de agua embarrada y otro cristalina. No podemos parar a hacer fotos desde el puente, los camiones pasan a un metro de la barandilla a 90 km/hora. Un buen sitio para quitarse el hipo.
Llegamos al teleférico, hacemos un pequeño paseo por el bosque antes de empezar a volar. En una hoja vemos una Bocaracá una serpiente muy venenosa a pesar de su tamaño unos 60 cm. También vemos un perezoso de tres dedos que se alimenta en un árbol.
El perezoso hay que buscarlo con paciencia en esta foto se ve "mejor " por estar colgado. El teleférico es una forma demasiado cómoda de entrar en el bosque lluvioso, prefiero andar. Blanca no. Tiene una ventaja, la altura, que permite ver los diferentes estratos del bosque y sobre todo la superior “el dosel” que aparece como un jardín al sol. La mayor parte de plantas del bosque lluvioso viven arriba sobre otras plantas. Los árboles aparecen tan llenos de bromelias, orquídeas, líquenes, musgos….. que uno piensa en que el peso del árbol es menor que el peso de todo el jardín botánico que soporta


Aquí la vegetación es tan exuberante que incluso vemos plantas crecer sobre el metal de los postes del teleférico.
A las 14:00 ya estamos en casa de nuestros amigos llegamos justo para ayudarles a terminar la comida china que tienen en la mesa. Esta riquísima.
Pasamos la tarde con ellos, charlando, recordando anécdotas del viaje. Luís prepara fresco de cas una fruta pequeña y muy ácida que está deliciosa, bebemos más de dos litros. La tarde se agota con unos espaguetti carbonara que sirven de improvisada cena.

Es un placer y una suerte tener amigos así al otro lado del mundo. Esperamos que en alguna ocasión nos den la oportunidad de devolver tanta hospitalidad y cariño, si vienen a visitarnos a España.
Pura Vida.

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